Si trabajas en gestión de personas, debes ser un buen Chef!

Nada como un buen guiso!

Guiso, cocido, puchero, escaldado, o como le llames allí donde vives, bueno, que no hay como el de casa, ese sabor que nos reconforta  en tantas  noches frías de invierno.

Los componentes de esa comida de olla, dependerá de la costumbre y de los ingredientes con que se encuentra en cada sitio, y sobre todo de la disponibilidad del cocinero. Siempre es una mezcla caprichosa de carnes y legumbres, verduras y especias, que durante largo tiempo se cuece a fuego lento hasta que por arte de magia se transforma en algo incomparable.

No importa si tiene todos los ingredientes específicos de la receta, si no hay maíz tendrá arroz, si no hay chorizo le pondremos más carne de cerdo o solo carne roja, si los garbanzos están caros le pondremos porotos blancos o unas lentejas, pero lo que sí es seguro, que al entrar a casa y oler el perfume, nos sentaremos a la mesa con una felicidad muy difícil de explicar. Sea como sea, un buen guiso huele a familia, a amor y a cuidado, sabe a recompensa por la jornada cumplida.

GUISO1

No crean que cambié la temática de mi blog por una gourmet, que ya me encantaría, pues me encanta la cocina! Sólo Síganme un rato más, por favor.

Quienes disfrutamos de la gastronomía, leemos  cientos de libros, artículos y blogs con excelentes recetas  realizadas por  grandes referentes de las diferentes cocinas del mundo. De pronto te llama la atención alguna en particular  y de inmediato piensas en sorprender a la familia o amigos. El caso es que sales de compras y no encuentras uno o dos ingredientes, ya porque no se ofrecen en el mercado, ya porque nadie sabe de qué se trata (me ha pasado con el “crémor tártaro”, un ingrediente de repostería muy común en las recetas del libro de cocina del  Crandon de hace unos 40 años), o ya porque el ingrediente tiene un precio que no es razonable pagar dentro del presupuesto que tienes para ello.

A quien realmente le guste cocinar y haya entendido cabalmente de que va el plato, no dejará de hacerlo a menos que lo que no encuentre sea el ingrediente principal o estrella, todo lo demás puede sustituirse haciendo del plato una versión del original. Un cocinero que se precie de tal, sabrá encontrar la forma de lograr la combinación adecuada de sabores y texturas, es más, este es el origen de muchos nuevos y exitosos platos en gastronomía. La modificación de un plan original por falta de recursos o el error involuntario en el uso de los mismos, muchas veces han resultado en un éxito sorprendente.

Cada vez que se entrevista a un gran Chef respecto a cuál entiende que es el factor de éxito de su plato estrella, encontramos invariablemente dos factores: algún descubrimiento fortuito ( azar) o una emergencia que implicó variar  un plato original y el amor a lo que hace.

De igual modo pasa en el fascinante mundo de la Gestión de Personas en las organizaciones, aún hoy llamadas en mucha de ellas, Recursos Humanos.

Gracias a la tecnología y la posibilidad de compartir nuestros conocimientos y experiencias con referentes, profesionales y directivos de todo el mundo que, con gran generosidad, exponen casos de éxito así como también diversos factores a tener en cuenta en la aplicación de estrategias y políticas de gestión, disponemos leemos y analizamos a diario cientos de modelos y “recetas” exitosas en lo que refiere a atracción, desarrollo y retención de talento y otros tantos artículos sobre marca personal y empresaria y los más variados temas que hacen a nuestro interés técnico y profesional.

 Solemos compartir y debatir de forma entusiasta con nuestro entorno más cercano, colegas, directivos de la empresa, mandos medios y hasta con nuestra familia  o amistades, esos grandes casos de éxito o las “recetas” que nos han parecido más impactantes y de pronto nos encontramos con los infaltables y a veces bastantes razonables… peros, esas variables que cuestionan su viabilidad práctica, y las posibilidad de implementación del tal modelo de gestión se desliza palabra a palabra en … “pero aquí (en esta empresa, en esta ciudad, en este rubro, en este país. etc.) … eso es imposible”.

GUISO MARTILLO

Los objetivos de cambio o innovación pueden plantearse por etapas, pueden moldearse a nuestro antojo y necesidad, los caminos para llegar a ellos pueden ser infinitos, los tiempos de un objetivo que difiere del modelo original estarán signados por la dinámica del método más natural de aprendizaje, el de “ensayo y error”, lo que si no podemos, ni debemos, es rendirnos ante la dificultad o complejidad de aplicación de un modelo específico en el aquí y ahora.

El caso es que se trata de realizar el mejor plato posible con los recursos disponibles, y esto depende de la capacidad de valorar adecuadamente los mismos y crear esa combinación única que sabrá a cielo.

Necesitamos conocer adecuadamente todos los ingredientes de que disponemos y en caso de no tener todos los necesarios saber sustituirlos por aquellos que se complementen adecuadamente logrando el mejor producto posible con nuestros recursos y nuestras condicionantes.

La gestión de  personas tiene como objetivo proporcionar a nuestros colaboradores, las mejores herramientas y oportunidades para que su desempeño sea una actividad productiva (y adecuada a las objetivos e la empresa) y satisfactoria en lo personal y profesional y sobre todo para que las personas sientan que la organización a la que pertenecen es el mejor lugar donde pueden estar en ese momento.

Si hablamos de retención del talento es más complejo aún y a medida que las nuevas generaciones ingresan al mercado es prácticamente una utopía pensar que existen formas efectivas de retención. Los millenials están de paso en las organizaciones, lo que si deberíamos proponernos es que se lleven ese olor a “hogar” impregnado en sus narices”, y que se transformen en embajadores incondicionales de nuestra organización, como nos pasa cuando al comer un buen guiso, pensamos,…” como aquel de la abuela…, ninguno…!”

Así que, a ser creativos y a poner mucho amor en lo que hacemos, a seguir conociendo y compartiendo las mejores “recetas” para poder generar la siempre pujante motivación de cambio e innovación en nuestras organizaciones pensando en las limitaciones no como una sentencia de lo “imposible” sino como una oportunidad para descubrir un plato único.

“Sólo triunfa en el mundo quien se levanta y busca a las circunstancias y las crea si no las encuentra.” George Bernard Shaw

Y tú? Cuándo te divorcias?

mujerhablando Ayer, quedé en encontrarme con una amiga con la que empecé a compartir la vida desde mi adolescencia.

Si bien nuestra relación fue cotidiana hasta alrededor de los 22 o 23 años, nuestras responsabilidades  y compromisos redujeron el contacto personal cada vez más hasta que, últimamente, nos vemos un par de veces al año. Nos saludamos cada tanto por Whatsapp y compartimos algunas cosas por Facebook, ya no twitter, que no quiere tener porque le abruma la presión de la demanda tecnológica.

Así como nuestro tiempo de compartir se fue espaciando, nuestro desarrollo personal y profesional sin duda también. Se entiende así la distancia real que hay entre ambas y sobre todo, las diferencias con las que hoy describimos la realidad, y lo diferente de nuestros proyectos y expectativas.

Si Quino estuviera colaborando con la presentación de esta historia hablaría de ella como “Susanita” y de mí como “Mafalda”.

Ella caminó siempre por la vereda, observando cuidadosamente su andar y atenta a las miradas aprobatorias de los que se iba cruzando, yo, en cambio me salí de la vereda y empecé a andar por la calle, llevándome unos cuantos golpes por no estar muy atenta por donde andaba y sin prestar mayor atención a la aprobación ajena, no porque no me importara, sino porque estaba segura que opinaran lo que opinaran, ese era el camino que debía tomar, ya por absoluta decisión personal, ya porque las circunstancias así lo impusieran.

Su forma de vivir no le evitó darse tantos o más golpes que yo, y así como yo admiro la estabilidad predominante en la que ella vive, ella admira en mi la capacidad de  sortear obstáculos constantemente, pero, al final de todo, ambas estamos compartiendo una charla donde nos ponemos al día respecto a los últimos meses y hablamos de los proyectos para los próximos.

Ella hoy es una exitosa ama de casa, con un matrimonio de más de 30 años, hijos independientes y nietos adorables. Yo soy una apasionada profesional, también con hijas independientes y nietos adorables.

En cada encuentro,  partimos  desde esa adolescencia compartida con tanto entusiasmo, plena de sueños y expectativas y comulgamos un estado de confianza y afecto verdadero y  pleno. Nos impacta a ambas la diferencia entre aquellos proyectos y la vida que transitamos realmente, si bien la mía fue mucho más divergente a la suya, tampoco la de ella se ajustó mucho más a la idea de aquel entonces.

Entre risas y continuas interrupciones de ambas nos íbamos contando, una a la otra, diferentes cosas, hasta que luego de un silencio me pregunto:

¿Cuándo te jubilas? Porque, estarás deseando…, me imagino!

Y la verdad que me sorprendió, porque hoy en día la jubilación  no está ni por asomo en mis planes. No sólo porque aún no cumplo con las condiciones legalmente requeridas (edad y antigüedad) sino porque tengo muchos proyectos de desarrollo profesional. Así que le respondí eso mismo. Su cara de asombro me volvió a sorprender! Y de inmediato me increpó…

¿No estás cansada de andar para arriba y para abajo corriendo todo el día? ¿De bancarte los problemas de todos los demás?, ¿De estar siempre tratando de que todo el mundo en la empresa esté contento? ¿De hacer cursos y más cursos, o talleres o lo que sea… para estar al día? ¿De madrugar y no poder quedarte en cama unos minutos más los días de invierno? ¿De ver a tus nietos a cuentagotas sin poder disfrutar de tiempo con ello? ¿De no tener tiempo para juntarte con amigos porque al día siguiente te levantas temprano? ¿De no poder dedicarte a pintar por falta de tiempo? (Hobby que me acompaña desde la adolescencia) ¿De….?

Y hasta aquí las observaciones que fui capaz de retener de tantas! Todas connotaciones negativas de mi forma de vivir y casi,  casi…, me pongo a desterrar de mi mente mis actuales proyectos para considerar el de mi retiro.  

Me quede un momento en silencio y le conteste lo que realmente sentí. “Es que…soy feliz!”, debo reconocer que  el primer impulso, muy desde el fondo de mi ser más primitivo, (no socializado ni versado en comunicación y empatía), con cierta natural sinceridad infantil … casi se me escapa, ¿Y tú? ¿Cuándo te divorcias?…

Lo cierto es que la mayoría de las observaciones que realizó, tienen connotaciones positivas, y no negativas. Estar en plena actividad, tener la confianza y haber generado la valoración de las personas que se acercan a mí para pedir un consejo o sugerencia, o simplemente para solicitar una ayuda para lograr sus objetivos o mejorar su desempeño profesional o  su vida personal, que se reconozca mi experiencia y mi eficiencia, porque no, mi talento, en una área de conocimiento organizacional donde me costó mucho llegar, el tener la capacidad de seguir nutriéndome de conocimientos para desempeñarme mejor o aportar nuevas estrategias a la gestión humana en las organizaciones,  pero sobre todo, y que resumí en la respuesta dada. … lo que hago me hace feliz.

Sí, es cierto también  que me gustaría pasar más tiempo con mis nietos, remolonear en la cama alguna fría mañana de invierno y no tener que retirarme de las reuniones por tener que madrugar y ni les cuento el volver a pintar sin días ni horarios! …pero lo cierto es que no se puede tener todo a la vez. Después de todo, …no dejo se hacer todo esto, solo le dedico menos tiempo del que también me haría feliz.

Uno debe siempre elegir de entre las opciones que se le presentan, aquellas que en cada momento le brinden mayor satisfacción, mientras se tenga las condiciones para tomarlas y disfrutarlas. Física y mentalmente me siento plena de vigor y profesionalmente tengo cada vez más para recibir y entregar. En este momento estoy donde y como quiero estar. A criterio de mi amiga, en la calle, corriendo el riesgo de seguir recibiendo golpes y a pesar de lo que piensen los demás, según mi criterio, en “mi vereda” donde me siento útil, activa y receptiva, disfrutando cada paso y cada vez mejor preparada para levantarme si vuelvo a caer.

Ya llegará el momento de plantearme la jubilación como un cambio deseable y un objetivo cercano, será sin lugar a dudas cuando crea que me brindará mayor satisfacción que lo que estoy haciendo actualmente, mientras tanto…. seguiré disfrutando de este trecho de mi camino por el que tanto me he esforzado y el que me satisface plenamente.

Lo que convierte la vida en una bendición no es hacer los que nos gusta, sino que nos guste lo que hacemos” (Goethe)

Eres honesto! y … honrado?

Hoy leí diferentes post que curiosamente referían a la honestidad como el mejor medio para el logro de los objetivos, ya fueran estos instrumentales, materiales o personales.

La honestidad es un valor del que poco se habla y parece darse por supuesto en todos los temas de relacionamiento interpersonal, sin embargo, hablamos mucho y por defecto de la falta de dicho valor en las diferentes experiencias que hacen a las relaciones sociales en general, personales y de gestión humana.

Volví a mi adolescencia recordando aquellas interminables clases de filosofía donde la ética y la moral se debatían entre las ganas de haberme quedado un rato más en la cama y la necesidad de obtener la nota que me permitiera no llevarla a examen.

De acuerdo a Wikipedia, la honestidad (del latín honestĭtas) o “también llamado honradez”, es “el valor de decir la verdad, ser decente, recatado, razonable, justo y honrado”…  Y agrega… “Desde un punto de vista filosófico es una cualidad humana que consiste en actuar de acuerdo a como se piensa y se siente.”

De acuerdo a la Real Academia Española, la honestidad es “cualidad de honesto”, siendo esto: “(Del lat. Honestus) Adj, 1. Decente decoroso 2. Recatado pudoroso 3. Razonable, justo  4. Probo, recto. honrado.”

 En realidad, mi forma de pensar y sentir, puede no ser decente, ni recatada ni justa ni razonable, ni honrada, pero… siempre y cuando actuara de acuerdo a ello, sería honesta.

Debemos entonces reconocer que hay dos clases de honestidad, una universal, que implica las probidad, la decencia, el decoro, la justicia y la razonabilidad y por lo tanto, honorabilidad y  otra, “honestidad personal”, de la que se oye hablar más, y es la “honestidad con uno mismo”, que a mi humilde forma de ver y entender, puede ser bien poco honorable.  

 Recuerdo y comparto uno de esos post que circulan en estas redes… Corrupto

De manera que la honestidad no implica necesariamente honradez, sin embargo, la honradez, necesariamente implica honestidad. Ser honrado es mucho  que ser honesto.  

Curiosamente, y como para avalar mi reflexión, al buscar la palabra “honradez” en Wikipedia, me redirige a la definición de “honestidad”.  En el diccionario de la Real Academia Española, define la  honradez como “Rectitud de ánimo, integridad en el obrar.”

Para acompañar mi camino personal y laboral, deseo a mi lado personas honorables y honradas, por lo tanto honestas, en el entendido que su pensamiento, sentir y actuar se ajusten al respeto de  valores y derechos universales,  que me inspiren plena confianza, que permitan la sana convivencia y que impliquen la certeza del bien común como objetivo compartido.

Se trata solo de tomar conciencia sobre aquello que no solemos cuestionar…

 He visto a personas obrar mal con mucha moral

y compruebo todos los días

que la honradez no necesita reglas.

* Albert Camús*

Con vuestro permiso… Hablemos de Violencia.

Con vuestro permiso… Hablemos de Violencia.

En esta parte del mundo, del lado oeste del océano Atlántico o al este del océano Pacífico, específicamente en el continente latinoamericano, la violencia se va adueñando de la sociedad sin suerte de solución.

De acuerdo a la definición de Wikipedia, violencia1 es el tipo de interacción entre sujetos que se manifiesta en aquellas conductas o situaciones que, de forma deliberada, aprendida o imitada, provocan o amenazan con hacer daño o sometimiento grave (físico, sexual, verbal o psicológico) a un individuo o a una colectividad; o los afectan de tal manera que limitan sus potencialidades presentes o las futuras. Puede producirse a través de acciones y lenguajes, pero también de silencios e inacciones.”

La gran estafa del sistema es que somos todos y cada uno de nosotros, las personas,  que gestionamos desde la violencia con una suerte de impune despersonalización de la responsabilidad.

La violencia nace en  las carencias y se retroalimenta incansablemente  en sus distintas formas, ya sea que hablemos de violencia pública como privada. La carencia afectiva, la carencia económica, la carencia educativa, la carencia en salud, la carencia de oportunidades, de valores, de tiempo,… y así…a medida que la sociedad, espacio de compleja interrelación entre individuos, no gestiona o gestiona mal todos estos recursos, la violencia se instaura como  elemento funcional a la misma.

Sostengo que la violencia de una sociedad es directamente proporcional a las carencias de la misma.

Violencia familiar, escolar, laboral, en la calle, en institutos educativos, en centros de reclusión, en centros de salud, en el transporte público, en los escenarios deportivos, etc… se puede seguir con una larga e interminable lista de ámbitos. No hay ningún espacio de convivencia que quede excluido.

En algunos países hay una violencia particular generada por fuertes grupos de intereses que gestionan la violencia como un medio para el logro de sus propios objetivos económicos, por ejemplo los cárteles. En estos casos se puede intentar gestionar las consecuencias dado el origen de la misma. Eso ya es algo. Es una violencia de brutal exposición, pero no es la más seria, no afecta al colectivo social. No es indiscriminada, es gestionada. Se origina dentro de un pequeño grupo de la sociedad y afecta a otro grupo específico.

La violencia más aniquilante, la que realmente atenta contra la base de la cohesión social, es la que está instaurada en cada una de las personas comunes y corrientes, en la mayoría de los que a diario nos interrelacionamos con otros, esa que nace de la falta de amor a la vida, de amor al otro, de la falta de respeto por quien  es diferente a uno… esa que se esconde tras el  inconformismo, la falta de tolerancia, el bajo nivel de frustración,  el desprecio por los valores, tiempos y afectos de los demás.

Hablo de esa violencia que vivimos en la cola ante una ventanilla, en el autobús, en el hogar, en la emergencia médica, en el supermercado, ante el mostrador de una oficina, en el lugar de trabajo, en la calle, como conductor o como peatón, esa que forma parte del día a día, esa en la que participamos activamente o que evitamos conscientemente. Dada nuestra capacidad de adaptarnos para sobrevivir en el medio en que sea, la admitimos, la obviamos y la asumimos estableciendo códigos subyacentes  de diversos grados de gravedad.

El maltrato verbal o físico de una madre a un hijo y viceversa, ya sea que el hijo tenga 2 o 60 años, del hombre a la mujer (y viceversa), del docente al alumno (y viceversa), del médico al paciente (y viceversa), del empleado de transporte al usuario ( y viceversa), y así una larga lista interminable… Al cabos del día cada uno de nosotros, seguramente es participe o testigo de más de un hecho de violencia.

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La violencia hoy se extiende horizontal y verticalmente en toda la estructura social y se manifiesta en hechos más o menos aislados, más o menos públicos y más o menos graves, y quienes se ocupan, … también, más o menos… , lo hacen respecto a las consecuencias de la violencia. Así se cierra el círculo de retroalimentación de un componente ya estructural de cualquier sociedad de la región. Hemos llegado a establecer un ranking muy útil para turistas e inmigrantes respecto al grado de violencia propia de cada uno de nuestros países y sus ciudades y/o el nivel de seguridad e inseguridad que poseemos.

Me cuesta entender. ¿Habiendo hoy en día tantos profesionales que abrazan las ciencias sociales, tantos organismos nacionales e internacionales con y sin fines de lucro,  tantos gobiernos abrazados a la social-democracia, tanta tecnología y tanta información, por qué no PRE ocuparnos?

Hoy en día nuestra sociedad justifica la violencia contra los violentos, institucionaliza la violencia. Luego de siglos de evolución,  se vuelve a embanderar tras el “Ojo por ojo, diente por diente”.

“La violencia, sea cual sea la forma en que se manifieste, es un fracaso.” -Jean Paul Sartre.

Se multiplican los centros de reclusión y se especializan (de mayores y menores, de menores más y menos peligrosos), se promulgan leyes y más leyes para penar “adecuadamente” los hechos de violencia y se despliega un amplio arsenal tecnológico para identificar y/o controlar la violencia y a los  violentos como pulseras electrónicas, cámaras (viales, en el transporte, en los comercios), comisiones de seguridad, etc.

En cada uno de los países de América Latina, el Estado dispone presupuestalmente  de cifras astronómicas (sin entrar en la discusión de si son o no suficientes) para levantar y mantener edificios, importar, instalar y mantener tecnología, la manutención de personas infractoras durante el proceso de reclusión,  así como cubrir la compensación salarial de cientos de personas que cumplen funciones técnicas, operativas y profesionales en dichas instituciones con el objetivo de aislar y contener (durante su “estadía”) a los actores de hechos de violencia legalmente penalizados.

¿Si pusiéramos, al menos, parte de esa cifra en proyectos y programas que atiendan al seguimiento de la formación integral de las personas desde los primeros años de vida? No hablo de lugares de adquisición de conocimientos (escuelas) sino de espacios conde se refuercen los valores, hábitos y conductas sanas y se monitoree la capacidad de interrelacionarse positivamente con el otro y el entorno.

¿Si generáramos talleres de padres, de jóvenes, de “… “ (cualquier tipo de clasificación por grupos etarios o de interés)  donde se reforzaran los valores principales y se canalizaran expectativas y  oportunidades?

¿Si se fomentara y respaldara la formación y el trabajo cooperativo para asegurar competencias y fuente de trabajo así como ingresos decentes para la mayoría excluida del sistema laboral formal?

¿Si logramos una real inclusión socio cultural de la mayoría de nuestra sociedad que es expulsada del sistema educativo por las propias exigencias de supervivencia del sistema?

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¿Por qué no establecer ámbitos de trabajo específicos para ocuparse de las personas desde que nacen, favorecer que accedan a la satisfacción de las necesidades básicas (sustento, educación y salud), realizar el seguimiento de las relaciones afectivas,  generar oportunidades reales de participación y sustento económico?

No hablo de políticas de compensación social, de esas estos países tienen abundancia, hablo de acciones directas de personas sobre personas, hablo de un verdadero interés social, de trabajo voluntario y dirigido, hablo de destinar un poco de nuestro tiempo y nuestras aptitudes a favor de los demás. Hablo de comenzar con la prevención, de pre-ocuparse de que no se generen más y nuevas carencias. Hablo de hacer un poco mejor el mundo para nuestros hijos y nietos.

Si … Seguro cada uno de ustedes podría aportar miles y miles de propuestas para disminuir o eliminar por completo muchas de las condiciones que implican carencias y generan y retroalimentan la violencia.

Quizás alguien  esboce una sonrisa benevolente en el entendido que estoy planteando un utopía (¿Siguen existiendo las utopías?) desde una inocente simplificación del problema.

Otros, francamente pueden estar llorando de risa por el desparpajo con que pincelo un cuadro sin ponerle un convincente marco que le dé el debido sostén teórico- práctico.

Quizás hasta haya lectores que en la mitad del desarrollo dejaron la lectura, y ni siquiera llegaron a elaborar una reflexión crítica.

A quienes llegaron hasta aquí simplemente les agradezco y si he dejado en Uds. una pequeña cosquilla de pre-ocupación considero que esta reflexión valió la pena.

La violencia florece cuando los hombres temen hablar y actuar contra ella.

Morris West (1916-1999 Escritor, novelista, dramaturgo y maestro australiano)

La Navidad también depende de ti!

Como todos los años comienzo a recibir con agrado los mensajes de felicitación para estas fechas  de amigos y colegas.

Suelen ser más o menos similares año a año y siempre son las mismas personas las que dedican tiempo a expresarse y transmitir lo que sienten y desean, pero implica que hemos llegado a un momento especial para todos.

Cada quien vive estas fechas de acuerdo a su forma de ser y su experiencia personal, así, hay gente que se “estresa” de solo mencionarlas, hay quienes se “visten” con ánimo festivo como si un mago les hubiera tocado con la varita (porque no suelen ser nada festivos durante el resto del año), hay quienes se “esconden” (evitan las despedidas de año, las reuniones de amigos y familia) pretendiendo saltearse este período, hay quienes realmente “sufren” y se sienten agredidos por el ambiente festivo y hay quienes son el alma festiva siempre y en todos los lugares donde se encuentran.

De hecho, en cada familia, solemos tener por lo menos un representante de estas diferentes formas de vivir la Navidad y el Año Nuevo, y en nuestro entorno general, varios de ellos.

Cada quien vive estas fechas desde su ser interior, la sensibilidad se exacerba y el entorno se vuelve ineludible, de manera que no es fácil mantenerse impermeable.

A lo largo de mi camino he cosechado muchos seres queridos. Soy de las personas que permanecen en contacto con amigos de la niñez, de la adolescencia, de la universidad, de todos y cada uno de los lugares donde se desempeñó laboralmente y profesionalmente, y  que permanentemente se ve enriquecida por la llegada de nuevas y ricas relaciones plenas en todos los ámbitos en que interactúa.

También he perdido, con o sin mi anuencia, un montón de seres queridos, ya sea porque sus caminos se alejaron lo suficiente del mío, porque cumplieron su misión específica por la cual nos conocimos, porque dejamos de compartir cosas importantes que nos unían, porque dejaron esta vida o simplemente porque descuidé mis responsabilidades para mantener la relación.

Debo confesar que yo paso por casi todos los sentimientos antes mencionados en cuestión de unos pocos días. Durante los días previos voy viviendo de diferente forma la inminencia de Navidad y de Fin de Año, así que puedo comprender a todos sin necesidad de realizar un gran esfuerzo.

Los preparativos y las indefiniciones de la reunión familiar, la seguidilla de mensajes (hoy por Whatsapp y antes telefónicos) para definir el dónde, el menú, cómo vamos, cómo volvemos, a quien llevamos, etc., etc…, me generan gran ansiedad y por momentos incomodidad y molestia.

Las ausencias definitivas de mis abuelos y tíos, de mi papa y de un sobrinito que se hacen más notorias cuando estamos todos,  y las diferencias de intereses que subyacen y están latentes entre integrantes de la familia y han  generado momentos desagradables en diferentes oportunidades son razones por las cuales me asalta la fantasía de pasar de largo por estas fechas y aterrizar el 2 de Enero de nuevo en este mundo.

La gran cantidad de “despedidas de año” que se promueven y realizan desde los diferentes grupos a que pertenezco y que me permiten compartir y dedicar tiempo a todos y cada uno de mis amigos y compañeros de la vida, me generan una euforia particular, digamos, bastante por encima de mi buena disposición natural a asistir a este tipo de eventos.

Finalmente, llegado el 24 de noche y viendo la felicidad de mi madre rodeada de todo su clan, la alegría de mis hijas y sobrinos, la expectativa de mis nietos por la llegada de Papá Noel, me siento en paz y satisfecha, bien dispuesta a pasarlo muy bien y a colaborar con esa “magia” que impera en la Noche Buena. Todos los sentimientos negativos por los que he pasado previamente se desvanecen y el espíritu de la Navidad invade mi ser.

Somos una familia numerosa y resilente, sobrevivientes en la vida,  y debo admitir que siento admiración hasta por aquellos con quienes tengo grandes diferencias. Hemos transitado juntos las satisfacciones y los dolores más grandes y esto nos hace justamente grandes seres humanos, con diferencias y con coincidencias. El reunirnos y compartir el espíritu festivo una vez al año es una oportunidad única para revalorar los lazos familiares y nuestros sentimientos.

Cada quien hace su balance del año transcurrido y como suelo decir, el resultado será a favor o en contra de nuestros deseos y expectativas al inicio del mismo, pero estando ya a las puertas de un nuevo año, nos basta con poner en él toda muestra ilusión y  esperanza.

Es la época de poder reconocer y valorar todo lo que tenemos, recordar a aquellos que ya no están y todo lo que nos dejaron trayéndolos con nosotros mediante las infaltables  anécdotas, de disfrutar la frescura y gracias de los pequeños integrantes de la familia, de regodearnos de los logros y de asumir y dejar ir los fracasos, pero sobre todo, es el momento de mirar hacia adelante con la ilusión de poder lograr todo lo que deseamos para nosotros y nuestros seres queridos.

Es la época del año donde estamos predispuestos a abrazar y besar, en la que el tiempo se detiene en diferentes instancias, para recordar hechos y situaciones vividas en común,  es el tiempo de valorar nuestros logros y agradecer a todos los que están cerca y lejos, simplemente, por ser parte de nuestra historia de vida.

Más allá de la vorágine comercial y consumista, el espíritu de la Navidad sobrevuela nuestro mundo promoviendo la unión de la familia y la valoración de nuestros afectos, pero lo más maravilloso es que ese espíritu está en todos y cada uno de nosotros.

No sé en qué estado de ánimo te encuentras ni cual suele ser tu actitud en esta época del año, pero ten claro que  eres una pieza clave para los demás. Si falta tu parte del espíritu navideño los demás sentirán tu ausencia aun cuando estés sentado a la mesa. No pierdas la oportunidad de dar y recibir amor de quienes te rodean en un momento en que todos estamos predispuestos a ello.

Tú eres importante y tu alegría e ilusión son necesarias. Tu eres uno de los motivos por el que todos los que amas recordarán estas fiestas con mayor o menor beneplácito los próximos años.

Aún en los momentos más duros de la vida, el espíritu festivo está en ti, solo debes revolver un poco en tu ser interior para llamarlo y pedirle que te acompañe, se derrame y  multiplique en los seres que amas.

También tu Navidad y la de los seres que amas…dependen de ti.

Te deseo una muy Feliz Navidad, plena de amor, alegría y paz. Que muchos brazos te abracen y muchas risas  te contagien, que tus dolores y tristezas se duerman y que tu alma se abra plena de dicha y con muchos grandes sueños para concretar en el año que se inicia.

Nos volvemos a encontrar el próximo año!

No mentirás, no omitirás, ni manipularás…….

Hace un par de días volví a escuchar personalmente un testimonio que no por ser reiterativo me deja de sorprender e indignar.

A un candidato que luego de una serie de entrevistas se le ofreció un salario determinado por un cargo que implicaba la realización de tareas administrativo-contables dentro de un horario acordado, el día que es efectivamente incorporado se le informa que el salario será inicialmente un 20% menor en función que se le capacitará en un programa informático en el que no cuenta con el suficiente conocimiento, el horario en que se desempeñará será otro al conversado por cambios de último momento, el cargo en realidad supone cubrir dos cargos, medio tiempo dedicado al que fue contratado y medio tiempo al cargo de recepcionista ya que la empresa no puede asumir los costos de ambos por separado en ese momento y además se le hace responsable por el cierre de la empresa a diario.

Por otro lado me manifestó que si bien firmó el contrato, donde no consta la opción de regularización del sueldo de acuerdo al condicionamiento planteado, nunca se le entregó copia del mismo. Al solicitarla unos días más tarde se le dijo que faltaba la firma del presidente de la empresa. Habiendo transcurrido ya más de un mes, aún no se regularizó dicha situación.

A la fecha, no ha sido capacitado en el programa que supuso la disminución del salario pactado ya que en este momento la empresa “no puede cederle el tiempo necesario para dicha capacitación” y se le ha pedido que “se vaya arreglando” como pueda. Los compañeros de oficina le comentaron que así había sucedido con otros compañeros y nunca habían recibido la capacitación ni la porción de salario condicionada a la misma.

Todo esto sucede en una importante empresa de plaza.

Que aún hoy existan empresas que prioricen sus objetivos en detrimento de la normativa vigente en derecho laboral y las necesidades básicas del personal que se desempeña en las mismas ya es malo de por si, además de ser un llano cuestionamiento y llamado de alerta  para los organismos de contralor de la seguridad social, tributario y fiscal, pero que existan profesionales de recursos humanos que se avienen a los intereses de las mismas avasallando los derechos de los individuos y enlodando la imagen de la profesión por su acción inescrupulosa es una realidad que quienes abrazamos esta profesión y nos esforzamos día a día por validar su función estratégica al interior de las organizaciones y la sociedad, no debemos permitir.

La gestión de reclutamiento de personas por profesionales que durante el proceso de reclutamiento, anteponiendo intereses personales y/o particulares de la organización para la que se desempeñan, mienten, omiten y manipulan información a efectos de atraer al candidato es una triste realidad.

Concibo la gestión de personas como un medio para el desarrollo integral de los individuos, entendiendo el mismo como crecimiento laboral y personal, y a través de dicho desarrollo el de las entidades donde los mismos se desempeñan.

El respeto y la dignidad de cualquier persona, cualquiera sea el proceso de gestión donde intervenimos, son derechos inalienables y no existen razones o justificaciones objetivas o subjetivas que pueda anteponerse a los mismos.

Ni un título habilitante ni un cargo jerárquico suponen la idoneidad suficiente para desempeñarse en una profesión, y mucho menos validan la intervención en procesos estratégicos donde los individuos desde sus expectativas y necesidades, quedan expuestos a merced de cuestionables intereses particulares.

Los principios éticos y morales forman parte del bien hacer de toda sociedad.

Las distintas profesiones aseguran el cumplimiento de los diferentes procesos necesarios para que la sociedad se desarrolle en toda su estructura, invistiendo a los individuos que las ejercen de un poder específico sobre dichos procesos y sobre los sujetos que participan en los mismos y cada profesión establece al interior del ámbito de su competencia la normativa ética que es propia en su accionar.

Manifiesto esta inquietud ante todas las entidades que nuclean a los profesionales y técnicos en gestión de capital humano respecto a la importancia de realizar una declaración expresa de la normativa ética que enmarca el desempeño de nuestra profesión, la obligación de sus miembros a suscribir la misma y como complemento, considerar la viabilidad de establecer Comités de Ética que analicen y, de corresponder sancionen, aquellos casos que se aparten de las mismas.

Dado el importante y creciente rol que tenemos hoy en día en las organizaciones y la sociedad, dignificar nuestra profesión y dotar nuestro accionar de la garantía de una regulación que fundamente la credibilidad y la confianza es más que una necesidad… es una obligación moral.

Hace unos días tuve la oportunidad de asistir a una conferencia brindada por el filósofo y educador colombiano Bernardo Toro sobre La ética del Cuidado como paradigma para el desarrollo y supervivencia de América Latina. Esta instancia me motivo a adentrarme un poco más en su trabajo y conceptos. En “Los principios de la Democracia” el cuarto punto refiere al Principio Ético y lo define así: “La ética hace posible la existencia de los derechos humanos y el cuidado de la vida, desde un proyecto de especie humana. La ética es el arte de elegir lo que conviene a la vida digna de todos. Es un proyecto de dignidad humana”.

Culmino este post con sus propias palabras.

“Somos ciudadanos a través de las organizaciones y son estas las que producen auto-regulación de la conducta de los ciudadanos y la protección de sus derechos”.

Buen comienzo de semana!