¿Eres Empresario? ¿Directivo? ¡Invierte en la alegría de tus colaboradores!

El sábado pasado, salimos a cenar con unos ex compañeros de trabajo.

Hace una década y media coincidimos en un proyecto de gran magnitud en un momento muy crítico de la economía del país. Fueron cinco años de compartir experiencias retadoras en una organización innovadora del sector informático obteniendo  resultados magníficos. Frente a un cambio del mercado  la empresa toma la decisión estratégica de cesar su actividad aún con rentabilidad. En al 2007, cuando  en este país todavía no se hablaba de outplacement,  se realizó exitosamente para un 80 % de los integrantes de la empresa.

Unos tres años más tarde, con motivo de la boda de unos de ellos, algunos de nosotros volvimos a reunirnos, y desde entonces, lo hacemos 2 o 3 veces al año, integrando al grupo las parejas.

Decidimos ir a cenar a un lugar que abrió recientemente con buenas recomendaciones en cuanto a su oferta gastronómica y sobre todo en un entorno muy agradable de la costa de Montevideo. Haciéndole el gusto a una futura inminente mamá que deseaba comer parrillada, pedimos unos braseros (plato que incluye toda clase de achuras y carnes y se sirve en una fuente parrilla  de metal con doble fondo donde se ponen brasas para mantener las piezas calientes) y unas papas fritas para acompañar.

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Desde el primer momento me llamó la atención la alegría y el evidente compañerismo que existía entre mozas y mozos, así como entre ellos y quienes se encontraban detrás del mostrador. Contrariamente a lo que usualmente estamos acostumbrados colaboraban entre sí para atender rápidamente a los comensales de cualquier mesa. Las  expresiones verbales y gestuales en todos y cada uno de los nueve o diez mozos que podía observar denotaban el gusto por lo que hacían y como lo hacían.

Mientras comíamos y conversábamos, podía ver como corrían a dejar la comanda, entre dos o tres retiraban los platos a servir y los presentaban a los comensales y otro se acercaba a servir las bebidas y se miraban entre ellos con beneplácito por haber cumplido y volvían a retirar los platos de otra mesa que quedaba libre mientras un compañero la limpiaba y disponía los individuales, y… entre corrida y salto de una lado para el otro, la sonrisa y guiñada al compañero o compañera.

Es un local muy grande y estaba completo, por lo que el ritmo de trabajo era álgido, de todos modos ellos parecían bailar entre las mesas, compartían el jolgorio de una mesa donde se realizaba una despedida de soltera con chicas disfrazadas, colaborando para tomar las fotos y aplaudiendo las ocurrencias y bromas del grupo, otros, festejaban un cumpleaños de otra mesa cantando y aplaudiendo el soplo de las velitas…

Nuestra cena no fue perfecta. Por un tema de salud de una de nuestras amigas, solicitamos que las papas fritas se hicieran de forma especial. Los braseros llegaron con bastante anticipación y ya terminando de comer las carnes las papas aún no habían llegado, por lo cual las cancelamos. A pesar del tropiezo, la sensación de buen servicio fue general. Quizás, si el clima del lugar no hubiera sido el que describo, nuestra opinión respecto al mismo y el encuentro hubiera sido negativa, sin embargo, absolutamente nadie recordó el inconveniente durante el resto de la noche y por el contrario, se comentó lo bien que nos atendieron y la intención de regresar en otra oportunidad.

Al salir, como siempre, nos costó despedirnos. A pesar de una leve llovizna, estuvimos más de media hora charlando en la puerta del local aprovechando la fresca brisa nocturna en una muy cálida noche de verano, recordando más anécdotas y respondiendo preguntas de las parejas de algunos de nosotros respecto a los diferentes sucesos comentados.

El tenor general de los mismos eran las diferentes acciones y reacciones, a veces felices, y otras no tanto, ante situaciones críticas vividas en común durante nuestro desempeño en aquella empresa que nos brindó realmente una experiencia invalorable de alta exigencia y desempeño pero también de claros resultados extraordinarios. La dirección de la empresa siempre reconoció cada logro por pequeño que fuera,  hizo partícipe a cada área de los beneficios obtenidos y fomentó permanentemente la iniciativa y el esfuerzo de todos y cada uno de los colaboradores.

Al ser una empresa innovadora y con fuerte asunción del riesgo, debimos responder a situaciones complejas y críticas que enfrentamos con las herramientas que traíamos de nuestras respectivas formaciones y experiencias en rubros absolutamente diferentes al que estábamos, y muchas veces, forzar nuestra creatividad generando soluciones que parecían rayar en lo inaudito.

Finalmente uno de nosotros comentó entre carcajadas, “Todo resultaba finalmente  bien por el equipo que logramos conformar”. Efectivamente era un equipo donde la confianza primaba por sobre cualquier valoración de situación particular, donde se consideraba al otro desde su posición y responsabilidad, apoyando y colaborando para que cumpliera los objetivos. Se promovía el relacionamiento interpersonal con instancias de recreación tanto dentro como fuera de la empresa, en las que incluso participaba la dirección. El compromiso con el proyecto de la organización era absoluto.

No todo era color de rosa. Se vivieron infinitas situaciones de confrontación en momentos de alta exigencia o al surgir imponderables en la planificación de los procesos, pero la relación lograda permitía que el foco se pusiera exclusivamente en el proceso y no en las personas. Resuelta la situación, invariablemente se retomaba el rumbo en equipo, promoviendo las mejoras o cambios que fueran necesarios para evitar que se reiterara la situación. El liderazgo de cada área se diluía en un equipo de líderes que trabajaban en conjunto.

Fue una experiencia donde todos aprendimos mucho, no solo de productos y procesos de nuestra área y de las otras áreas de la empresa, sino de gestión de emociones, sobre las personas y sobre nosotros mismos.

La relación de amistad de un grupo tan heterogéneo en sexo, formación y  edades, como el nuestro, se basa en el profundo conocimiento de las personas y sus acciones y reacciones en todas las situaciones posibles, desde la alegría al enojo, desde la expectativa a la desesperación así como del reconocimiento de sus cualidades y habilidades personales y profesionales demostradas en el logro de objetivos tanto comunes como personales.

Una organización  es  un grupo de personas haciendo algo con un objetivo común, basta con que cada uno haga bien lo que deba hacer para lograr dicho objetivo. El resultado es el producto mecánico de varias acciones individuales.

Una empresa, en cambio es un conjunto de personas haciendo bien lo que saben y deben hacer y colaborando para que los demás también logren sus resultados. Es un equipo. Las emociones se involucran en los objetivos. El objetivo individual se diluye en el objetivo común y la solidaridad es la variable relevante y base del compromiso organizacional. Es un equipo involucrado y  generoso que pone todo de sí no solo para lograr las metas sino para permitir que todos y cada uno de los integrantes logren sus propios logros además del logro común.

La máxima expresión del buen funcionamiento de un equipo es la alegría de sus integrantes.

Los resultados son claramente percibidos por el cliente externo, como en la cena del sábado pasado, generando una buena marca empleadora. Estoy segura que ninguno de los chicos que trabajaban el sábado desearía  dejar su puesto. Uno verdaderamente siente que le gustaría trabajar en dicho lugar y ser parte de ese equipo, y si conocemos a alguien que esté buscando empleo, naturalmente sugeriríamos que presentara su postulación a dicha empresa

Por otro lado, las experiencias compartidas por un verdadero equipo, tanto las positivas como negativas, originan emociones en sus integrantes que enriquecen los vínculos personales. Se conoce lo mejor y lo peor de cada uno de manera que se valora especialmente el apoyo oportuno para superar los obstáculos. Así se generó la sincera relación que nos une con estos queridos amigos.

Si bien hoy no compartimos procesos y objetivos de desempeño laboral, existe una comunión y confianza que nos permite apoyarnos en el otro, si es necesario, para el logro de objetivos profesionales y personales. Compartimos la alegría de nuestros éxitos y nos acompañamos en los traspiés sabiendo que tenemos todas esas manos confiables tendidas para sostenernos e impulsarnos, ahora, como equipo de la vida.

Así que, si tienes una empresa o tienes un equipo a cargo,  no importa su tamaño ni su rubro, invierte en la alegría  de tus colaboradores. Motívalos y empodéralos para permitirles crecer como personas y como equipo y verás que no solo irán más allá de los resultados esperados, sino que lograrás sin el más mínimo costo material, una excelente marca empleadora.

 “Tienes que ser consciente de lo que están haciendo los otros, aplaudir sus esfuerzos, reconocer sus éxitos, y animarlos en sus metas. Cuando todo el mundo se ayuda, todo el mundo gana.” – Jim Stovall

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Un comentario en “¿Eres Empresario? ¿Directivo? ¡Invierte en la alegría de tus colaboradores!

  1. Hace años leía el excelente libro “La quinta disciplina” de Peter Senge. Comparto textual: “cuando preguntamos a la gente qué se siente al formar parte de un gran equipo, nos llama la atención el peso que se atribuye a esa experiencia. Las personas se sienten parte de algo mayor que sí mismos, tienen la sensación de estar conectadas, de ser generativas. Para muchas personas, la experiencia de formar parte de grandes equipos sobresale como un período singular y plenamente vivido…Algunas pasan el resto de sus vidas buscando maneras de recobrar ese espíritu…” Aquellos que tuvimos el privilegio de conformar un gran equipo de colaboradores y de liderarlo, entendemos las palabras de P. Senge…. sabiendo que, alegría, exigencia, entusiasmo y solidaridad van de la mano y son experiencias que, una vez finalizadas, se las valora y extraña…. Gracias Mónica por traerme tu historia…. mmmmm….con sabor a parrillada…. Abrazo grande !!

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