Con vuestro permiso… Hablemos de Violencia.

Con vuestro permiso… Hablemos de Violencia.

En esta parte del mundo, del lado oeste del océano Atlántico o al este del océano Pacífico, específicamente en el continente latinoamericano, la violencia se va adueñando de la sociedad sin suerte de solución.

De acuerdo a la definición de Wikipedia, violencia1 es el tipo de interacción entre sujetos que se manifiesta en aquellas conductas o situaciones que, de forma deliberada, aprendida o imitada, provocan o amenazan con hacer daño o sometimiento grave (físico, sexual, verbal o psicológico) a un individuo o a una colectividad; o los afectan de tal manera que limitan sus potencialidades presentes o las futuras. Puede producirse a través de acciones y lenguajes, pero también de silencios e inacciones.”

La gran estafa del sistema es que somos todos y cada uno de nosotros, las personas,  que gestionamos desde la violencia con una suerte de impune despersonalización de la responsabilidad.

La violencia nace en  las carencias y se retroalimenta incansablemente  en sus distintas formas, ya sea que hablemos de violencia pública como privada. La carencia afectiva, la carencia económica, la carencia educativa, la carencia en salud, la carencia de oportunidades, de valores, de tiempo,… y así…a medida que la sociedad, espacio de compleja interrelación entre individuos, no gestiona o gestiona mal todos estos recursos, la violencia se instaura como  elemento funcional a la misma.

Sostengo que la violencia de una sociedad es directamente proporcional a las carencias de la misma.

Violencia familiar, escolar, laboral, en la calle, en institutos educativos, en centros de reclusión, en centros de salud, en el transporte público, en los escenarios deportivos, etc… se puede seguir con una larga e interminable lista de ámbitos. No hay ningún espacio de convivencia que quede excluido.

En algunos países hay una violencia particular generada por fuertes grupos de intereses que gestionan la violencia como un medio para el logro de sus propios objetivos económicos, por ejemplo los cárteles. En estos casos se puede intentar gestionar las consecuencias dado el origen de la misma. Eso ya es algo. Es una violencia de brutal exposición, pero no es la más seria, no afecta al colectivo social. No es indiscriminada, es gestionada. Se origina dentro de un pequeño grupo de la sociedad y afecta a otro grupo específico.

La violencia más aniquilante, la que realmente atenta contra la base de la cohesión social, es la que está instaurada en cada una de las personas comunes y corrientes, en la mayoría de los que a diario nos interrelacionamos con otros, esa que nace de la falta de amor a la vida, de amor al otro, de la falta de respeto por quien  es diferente a uno… esa que se esconde tras el  inconformismo, la falta de tolerancia, el bajo nivel de frustración,  el desprecio por los valores, tiempos y afectos de los demás.

Hablo de esa violencia que vivimos en la cola ante una ventanilla, en el autobús, en el hogar, en la emergencia médica, en el supermercado, ante el mostrador de una oficina, en el lugar de trabajo, en la calle, como conductor o como peatón, esa que forma parte del día a día, esa en la que participamos activamente o que evitamos conscientemente. Dada nuestra capacidad de adaptarnos para sobrevivir en el medio en que sea, la admitimos, la obviamos y la asumimos estableciendo códigos subyacentes  de diversos grados de gravedad.

El maltrato verbal o físico de una madre a un hijo y viceversa, ya sea que el hijo tenga 2 o 60 años, del hombre a la mujer (y viceversa), del docente al alumno (y viceversa), del médico al paciente (y viceversa), del empleado de transporte al usuario ( y viceversa), y así una larga lista interminable… Al cabos del día cada uno de nosotros, seguramente es participe o testigo de más de un hecho de violencia.

45QNGCAN6IZWYCAXGXHFYCA6W9073CA17KTXACAQAZ5W5CA3YNMQACA5O31UGCAYB6MV2CACJWCSMCAAJI5MYCAKX7LBCCAB75DW5CAEU552HCAZC0VE8CAXN7FG8CAPB6AYE

La violencia hoy se extiende horizontal y verticalmente en toda la estructura social y se manifiesta en hechos más o menos aislados, más o menos públicos y más o menos graves, y quienes se ocupan, … también, más o menos… , lo hacen respecto a las consecuencias de la violencia. Así se cierra el círculo de retroalimentación de un componente ya estructural de cualquier sociedad de la región. Hemos llegado a establecer un ranking muy útil para turistas e inmigrantes respecto al grado de violencia propia de cada uno de nuestros países y sus ciudades y/o el nivel de seguridad e inseguridad que poseemos.

Me cuesta entender. ¿Habiendo hoy en día tantos profesionales que abrazan las ciencias sociales, tantos organismos nacionales e internacionales con y sin fines de lucro,  tantos gobiernos abrazados a la social-democracia, tanta tecnología y tanta información, por qué no PRE ocuparnos?

Hoy en día nuestra sociedad justifica la violencia contra los violentos, institucionaliza la violencia. Luego de siglos de evolución,  se vuelve a embanderar tras el “Ojo por ojo, diente por diente”.

“La violencia, sea cual sea la forma en que se manifieste, es un fracaso.” -Jean Paul Sartre.

Se multiplican los centros de reclusión y se especializan (de mayores y menores, de menores más y menos peligrosos), se promulgan leyes y más leyes para penar “adecuadamente” los hechos de violencia y se despliega un amplio arsenal tecnológico para identificar y/o controlar la violencia y a los  violentos como pulseras electrónicas, cámaras (viales, en el transporte, en los comercios), comisiones de seguridad, etc.

En cada uno de los países de América Latina, el Estado dispone presupuestalmente  de cifras astronómicas (sin entrar en la discusión de si son o no suficientes) para levantar y mantener edificios, importar, instalar y mantener tecnología, la manutención de personas infractoras durante el proceso de reclusión,  así como cubrir la compensación salarial de cientos de personas que cumplen funciones técnicas, operativas y profesionales en dichas instituciones con el objetivo de aislar y contener (durante su “estadía”) a los actores de hechos de violencia legalmente penalizados.

¿Si pusiéramos, al menos, parte de esa cifra en proyectos y programas que atiendan al seguimiento de la formación integral de las personas desde los primeros años de vida? No hablo de lugares de adquisición de conocimientos (escuelas) sino de espacios conde se refuercen los valores, hábitos y conductas sanas y se monitoree la capacidad de interrelacionarse positivamente con el otro y el entorno.

¿Si generáramos talleres de padres, de jóvenes, de “… “ (cualquier tipo de clasificación por grupos etarios o de interés)  donde se reforzaran los valores principales y se canalizaran expectativas y  oportunidades?

¿Si se fomentara y respaldara la formación y el trabajo cooperativo para asegurar competencias y fuente de trabajo así como ingresos decentes para la mayoría excluida del sistema laboral formal?

¿Si logramos una real inclusión socio cultural de la mayoría de nuestra sociedad que es expulsada del sistema educativo por las propias exigencias de supervivencia del sistema?

exhausto

¿Por qué no establecer ámbitos de trabajo específicos para ocuparse de las personas desde que nacen, favorecer que accedan a la satisfacción de las necesidades básicas (sustento, educación y salud), realizar el seguimiento de las relaciones afectivas,  generar oportunidades reales de participación y sustento económico?

No hablo de políticas de compensación social, de esas estos países tienen abundancia, hablo de acciones directas de personas sobre personas, hablo de un verdadero interés social, de trabajo voluntario y dirigido, hablo de destinar un poco de nuestro tiempo y nuestras aptitudes a favor de los demás. Hablo de comenzar con la prevención, de pre-ocuparse de que no se generen más y nuevas carencias. Hablo de hacer un poco mejor el mundo para nuestros hijos y nietos.

Si … Seguro cada uno de ustedes podría aportar miles y miles de propuestas para disminuir o eliminar por completo muchas de las condiciones que implican carencias y generan y retroalimentan la violencia.

Quizás alguien  esboce una sonrisa benevolente en el entendido que estoy planteando un utopía (¿Siguen existiendo las utopías?) desde una inocente simplificación del problema.

Otros, francamente pueden estar llorando de risa por el desparpajo con que pincelo un cuadro sin ponerle un convincente marco que le dé el debido sostén teórico- práctico.

Quizás hasta haya lectores que en la mitad del desarrollo dejaron la lectura, y ni siquiera llegaron a elaborar una reflexión crítica.

A quienes llegaron hasta aquí simplemente les agradezco y si he dejado en Uds. una pequeña cosquilla de pre-ocupación considero que esta reflexión valió la pena.

La violencia florece cuando los hombres temen hablar y actuar contra ella.

Morris West (1916-1999 Escritor, novelista, dramaturgo y maestro australiano)

Anuncios

2 comentarios en “Con vuestro permiso… Hablemos de Violencia.

  1. Recuerdo el año pasado el impacto de un film que fue pantalla y espejo, me refiero a “Relatos salvajes”, una ventana a distintas historias que tenían un lugar común, que es la exteriorización de un importante caudal de violencia y quizás como tú bien aportas en tu reflexión, “la violencia” como expresión social, la tenemos instalada entre nosotros por donde miremos……en un partido de fútbol, en el público, en la calle, en el tránsito, en casi cualquier lugar donde haya que hacer trámites y se deba esperar…..Es un rasgo de intolerancia, donde predomina la parte límbica de nuestro cerebro, esa que genera reacciones emocionales, sin mucho reparo. Estimo que hay una raíz que se debe buscar por las incongruencias de nuestros sistemas educativos, y además hay una trampa casi contracultural, ya que, por ejemplo cuando vas a todo tipo de empresa por un reclamo, la verdad es que se impone aquello que dice, “si no haces mucho lío, si no te enojas y hablas con un poco de furia, nadie presta atención a tu reclamo”, es algo instalado, que es implícito aunque no lo acepten explícitamente muchas empresas de servicios (por ejemplo, telefonía celular). Así pues, con todo lo que hoy ya conocemos de nuestro cerebro y su funcionamiento, convivir con tanta violencia y la tolerancia que se tiene, es hoy por hoy dar la espalda a una educación que nos mejore como personas y como sociedad. Ya es un tema de decisión educarnos para la tolerancia o, la intolerancia. Gran abrazo Monic! y gracias por tu espacio a repensar y repensarnos.

    Le gusta a 1 persona

    1. Estimado Ernesto, gracias por tu valioso comentario!. Efectivamente la educación es el pilar del respeto por el otro. Pienso en hijos y nietos que observan nuestra forma de relacionarnos con los demás y nuestros medios para el logro de objetivos y los cuáles aprenden del ejemplo de sus referentes, padres y hermanos, maestros y docentes. Estamos difundiendo la violencia en todos y cada uno de nuestros actos, desde los mas íntimos al interior del hogar a los más públicos y ellos seguirán ese camino a menos que tomemos conciencia de la necesidad de recuperar y realzar los valores primarios. Debemos reeducarnos para educar en pos de una sociedad saludable. Un abrazo!

      Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s