Y cuando la vida te sacude…

Luego de larga ausencia vuelvo con alegría a este espacio de reflexión compartido.

La vida suele tener ese que se yo… En cualquier momento revela su imperativo y exigente carácter y por momentos nos embiste desde uno o varios lados obligándonos a reaccionar desde nuestro más profundo instinto de supervivencia y nuestra indómita rebeldía.

En esos momentos, solemos poner foco en defender, proteger y atender los flancos agredidos ya sean estos internos o externos y desplegamos todos nuestros recursos físicos, mentales y materiales para reestablecer la zona de confort y el estado de orden y armonía.

Durante este lapso, uno se desdibuja del complejo orden social en el que interactúa, que es más o menos ajeno a nuestra batalla personal e individual, y que por su parte reclama nuestra presencia para así reestablecer su propio equilibrio. Los amigos, la empresa, los vecinos, las organizaciones en las que participamos, los sitios físicos y virtuales que frecuentamos sienten y se resienten.

En estas etapas de la vida, etapas que suelen reiterarse cíclicamente y sin previo aviso, la imagen de Tupac Amarú II (cacique inca que en 1732 fue capturado por los españoles luego de un intento de rebelión y condenado a ser descuartizado atando sus miembros superiores e inferiores a cuatro caballos) es la que más describe nuestra vivencia.

Las acciones imprescindibles para subsistir (comer, dormir, trabajar, cocinar, pagar cuentas, conducir, asistir a reuniones de trabajo, etc.) se ponen en “piloto automático” mientras nuestra mente, nuestros actos y nuestros más variados recursos se disponen a cambiar, atenuar, o eliminar la realidad que nos agrede, tanto a nosotros como a los seres amados.

Suele ser una lucha desgastante, dolorosa e inquietante en la que pocas veces, durante la misma, se puede vislumbrar si los daños a nuestra vida serán temporales o permanentes, cuánto durará, si habrá consecuencias secundarias que afecten a otros o si se minimizará el daño propio y/o ajeno y tampoco como seguirá nuestra vida una vez finalizada la crisis.

Lo que sí es seguro, es que finalizados estos procesos duros y exigentes, críticos, algo cambia en nosotros y como consecuencia inevitable tendremos una forma distinta de evaluar nuestro entorno y muy probablemente de relacionarnos con los demás.

Aprendemos, más inconscientemente que conscientemente, de cada batalla y de nosotros mismos y cambiamos de igual modo para evitar y/o estar preparados para enfrentar situaciones similares. Cambiamos nuestra forma de relacionarnos con las personas, con las situaciones y muchas veces hasta modificamos nuestras metas y objetivos porque cambian nuestras prioridades… porque ya no somos los mismos que antes.

Muchas veces, durante el proceso, resulta difícil valorar la compañía cercana o lejana de aquellos que nos extrañan en lo cotidiano. Desde aquellos que se sientan a nuestro lado a escuchar nuestro silencio o nuestro llanto pasando por los que nos brindan un elocuente discurso con bien intencionadas sugerencias y recomendaciones y hasta los que nos dan un “toque” (como se dice ahora que la tecnología es parte inevitable de las relaciones)“Cómo estás?, “Cuenta conmigo”, “Te extraño”, y tantas otras formas de manifestación de cariño e interés de quienes muchas veces no tienen ni la más remota idea de la tormenta que atravesamos, o de cómo nos sentimos por estar en el centro de dicha tormenta, o que a sabiendas de todo no están en condiciones físicas, psíquicas o materiales de poder acompañarnos o ayudarnos, pero que son una señal vital respecto a que, culminada nuestra crisis, tendremos una base de afectos básicos para retomar lo cotidiano con una buena cuota de seguridad afectiva.

¿Que la crisis es sinónimo de oportunidad? La única oportunidad contenida en cualquier crisis individual o personal es la de conocer y reconocer, como resultado final, nuestras fortalezas y debilidades y la aptitud de las herramientas psíquicas, físicas y morales con las que contamos. Les propongo al respecto leer el artículo de Lic. Alejandro Formanchuk http://formanchuk.com.ar/todosignifica/la-crisis-no-es-oportunidad/  que detalla las razones que desacreditan el viejo proverbio adjudicado a Confucio que establece que toda crisis contiene en sí misma la esencia de la oportunidad.

Ni a mí ni a nadie que haya atravesado una verdadera crisis, ya sea familiar, de salud, sentimental, económica, laboral, o de clase alguna, o varias de estas conjuntamente, se le puede decir que la viva con optimismo como si desde alguna parte de la desesperación, del dolor, del miedo, de la inseguridad, del fracaso o de la indignación fuera a surgir el conejo de Alicia en el País de las Maravillas que nos trasladará al lado opuesto del espejo.

Renacer tras un período realmente crítico es la oportunidad. Disfrutar del orden y la armonía plenamente, sabiendo que no estamos libres de volver a atravesar momentos tan o más duros de los ya vividos pero que sí estamos mucho mejor entrenados para la lucha y la superación de pérdidas u obstáculos.

La vida me ha sacudido muchas veces e imagino que lo seguirá haciendo, pero siempre me he permitido disfrutar de la victoria o simplemente del fin de la batalla. Sea cual sea el resultado, todo nuevo orden establece condiciones armónicas aunque estas sean diferentes a las anteriores. He aprendido a no lamentarme eternamente por lo perdido, a aceptar los cambios y a no angustiarme por lo que podría perder o cambiar en una futura instancia crítica y, sobre todo, a disfrutar de haber superado un proceso de gran exigencia valorando las capacidades y habilidades que me permitieron llegar al final a pesar de lo duro del proceso.

Mi actitud frente a la vida me hace una permanente y orgullosa sobreviviente, como seguramente los son la mayoría de ustedes. Soy resiliente y esta es una actitud de vida que hace la diferencia no solo para mí misma, sino para mi entorno.

Debo agradecer mis fortalezas y habilidades seguramente y en primer lugar a mis padres que me dieron las armas básicas para superar fracasos y frustraciones y enfrentar los retos con valentía, en segundo lugar a mis hijas que me han dado la motivación, la fortaleza y la convicción de que sé, debo y puedo enfrentar cualquier obstáculo que la vida me ponga en el camino para el bien común, y en tercer lugar a los amigos de verdad, a los entrañables que están y estarán siempre, sin importar el espacio real que yo les otorgue en esos momentos y que me esperan al final del derrotero con sus brazos siempre extendidos.

Mi último agradecimiento es para un amigo que dejó está vida hace cuatro meses, que se fue muy temprano y sin permiso, que se extraña, y que siempre estuvo presente siendo un apoyo incondicional en etapas muy duras de mi vida, y que sé, donde quiera que esté, que me siguió y seguirá abrazando cada vez que lo necesite.

“Lo que se esconde detrás de ti y lo que está en frente de ti, palidece en comparación con lo que está dentro de ti”.- Ralph Waldo Emerson (1803-1882) escritor, filósofo y poeta estadounidense

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2 comentarios en “Y cuando la vida te sacude…

  1. Amiga, agradezco de manera elocuente que compartas un espacio de tu rico mundo interior, y que lo puedas expresar emocionalmente con sensibilidad tal que la lectura de tu post me permite compartir, entender y sobre todo respetar ese espacio interior…..Definitivamente que, “toda crisis es una oportunidad, es un facilismo” porque embarcados en ella, qué nos queda, mas que buscar la salida…? y de los laberintos no se sale por arriba, no? Gracias por compartir y por aportar calor en esta fría mañana de julio en Buenos Aires. Vaya mi abrazo, con mucho afecto.

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