Una propuesta…decente.

Y pasó un año más…y con él se fueron proyectos frustrados, compromisos asumidos,  oportunidades desaprovechadas, pero también hemos logrado objetivos planificados, hemos recibido gratificaciones inesperadas y han surgido sorpresivas oportunidades que hemos sabido aprovechar.

El caprichoso punto de inflexión determinado por estas fechas nos hace detenernos y pensar un poco sobre nuestro transcurso durante el mismo en todos los aspectos de la vida, y cerrando el balance determinamos si fue un buen o mal año, pero también de inmediato comenzamos a hacer la planificación para el nuevo año.

Esta actitud analítica y estratégica que tenemos a nivel individual, trasciende nuestro propio ser vinculando a nuestra pareja, nuestra familia, nuestros amigos, nuestros compañeros de trabajo, nuestra empresa, nuestro barrio, nuestra sociedad. Lo que hacemos básicamente es observarnos y  evaluarnos en nuestros roles y status.

Curiosamente nunca resulta suficientemente bueno el balance como para sentirnos absolutamente satisfechos por lo que hicimos, logramos, ganamos y avanzamos e irremediablemente nos comprometemos con nuevos objetivos, propósitos en todos los ámbitos de nuestra vida, cambios y mejoras.

Visualicen esta imagen. Las 12 de la noche del 31 de Diciembre, con nuestra copa en alto, rodeados por nuestros seres queridos, familia, amigos y un haz de luz conformado por todas las ilusiones, esperanzas, proposiciones y deseos de cada persona que emana al unísono de cada uno de todos. Alejémonos un poco y observemos como se enlazan estos con los de la casa vecina y desde un poco más lejos con los de todas las personas de nuestra ciudad, y nuestro país, y nuestro continente, y nuestro mundo todo.

Pues si lograron visualizarlo ya habrán tomado conciencia de la innegable interrelación entre nuestra motivación para el transcurrir de los próximos 365 días de nuestra vida con la motivación de los demás.

En esa telaraña de propuestas individuales se tejen caprichosamente las oportunidades reales que cada uno de nosotros tiene de lograr sus objetivos así como las posibilidades reales de no lograrlos. Es sencillo comprender que cuando no logramos una meta, otro la logra, que no toda oportunidad nos encuentra con las ventajas necesarias para poder aprovecharla, que hay muchas más oportunidades de las que fuimos capaz de imaginar en el momento de planificar nuestro siguiente año y que muchas de ellas pueden sorprendernos y encontrarnos en las condiciones necesarias para hacernos de ellas.

Así comprendemos que lo que muchas veces juzgamos duramente como un fracaso propio no es más que una de las miles y millones de oportunidades que se nos cruzarán por delante para la cual no contábamos con las condiciones  necesarias para aprovechar o disfrutar, y por ende, que no faltarán oportunidades que se ajusten a las nuestras así como condiciones que podamos adquirir para aprovechar otras mejores. No solo debemos planificar metas u objetivos, sino también la adquisición de nuevas competencias y habilidades que nos pongan en una mejor situación ante futuras oportunidades.

Cada año nuevo es una promesa y en sí mismo una oportunidad y esto es lo que nos impulsa a dejar atrás el saldo negativo de nuestro balance del año anterior y comenzar el mismo con una cantidad de nuevas propuestas, ilusiones y esperanzas de posicionarnos mejor en todos los ámbitos de nuestra vida.

Volvamos a la imagen sugerida y recordemos que en el chocar de las copas se entretejerán infinitas posibilidades de lograr nuestros deseos así como los deseos de los demás y por lo tanto las mil y una oportunidades para todos y cada uno de nosotros.

Tu deseo puede suponer mejorar tu status en la empresa, para otro, su status social, para otro simplemente logra un empleo y mas allá veremos alguien que desea el fin de la guerra y otro que tiene la esperanza en poder darle comer a sus hijos todos los días y un poco más cerca habrá alguien deseando que un hijo con capacidades diferentes tenga algún progreso hacia su independencia.

Si alguno de nuestros propósitos incluye de alguna manera consciente el bien de alguien más, nuestras posibilidades de lograrlo con éxito aumentan por el simple hecho de que habrá alguien más intentando su logro. Cuanto menos individualistas sean los objetivos planteados mayor será la posibilidad de lograrlos y la satisfacción del éxito.

Mi propuesta para este nuevo año es que todos y cada uno de nosotros incluya dentro de su estrategia de cambio y mejora al menos una propuesta que incluya un bien común, ya sea a nivel de su entorno social, organizacional o privado pero que incluya en su objetivo final el objetivo de otros.

La sociedad se ha vuelto individualista y competitiva, las personas nos hemos vuelto quijotes de nosotros mismos y nuestros logros se reducen a expresiones de egocentrismos múltiples y nuestros fracasos son expresión de falencias personales.

Aún queda en nosotros la conciencia de ser social, la valoración del bien común y del éxito distribuido entre todos sus integrantes. Hoy en día aún lo podemos constatar en organizaciones donde el trabajo en equipo y los objetivos sociales atraen diferencialmente el deseo de los individuos por pertenecer y colaborar y donde los logros suponen manifestaciones de satisfacción pública.

Si cada uno de nosotros se propone como parte de su estrategia al menos un objetivo para este año que incluya el bien común con una o más personas, estoy segura que el balance para el próximo será muy positivo por pequeños que puedan ser sus logros.

Muy Feliz 2014! Salud, paz, amor y… Éxito en todos vuestros proyectos!

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