De cómo un granito de arena puede originar una montaña

Quienes nos desempeñamos en el área de recursos humanos, como parte del proceso de incorporación de personal en cualquier tipo de organización, solemos acompañar a los recién llegados  durante  el período de inducción.

Se suele comenzar con una breve recorrida por las instalaciones de la empresa y la presentación de las personas que se desempeñan en las distintas áreas y no falta quien extienda su mano y lo reciba con un “Bienvenido y Mucha Suerte “!

El nuevo integrante de la organización ha transitado por las instancias de evaluación correspondientes para que tanto  el área de recursos humanos como el responsable del área en la que se desempeñará y muchas veces hasta la dirección de la empresa, consideren que es lo suficientemente competente para realizar las tareas del cargo que ocupará, y que tiene las características de personalidad y socialización adecuadas a la cultura organizacional.

No se espera que tenga “suerte” sino que se desempeña de acuerdo a su experiencia, conocimientos y habilidades. Así que quien está siendo presentado comienza la recorrida con una buena dosis de autoestima basada en el logro exitoso de la oportunidad.

El mensaje sugiere la existencia de “algo” que no dependerá de sus competencias y que por lo tanto deberá sortear con la participación misteriosa del azar.

¿Mucha Suerte?.

¿Será una advertencia?¿Que deberé enfrentar para necesitar suerte? ¿Habrá personas difíciles de tratar?, ¿Será mi Jefe? ¿Qué particularidad tendrá mi puesto para que dependa de mi suerte lograr un correcto desempeño? ¿Me habrán ocultado algo sobre la empresa o las funciones que debo realizar?

La cuota de ansiedad que le generen estas simples y sencillas palabras afortunadas o no, dependerá entre otras cosas (personalidad, experiencias anteriores, etc.) de la relación de confianza adquirida hacia el referente del área de recursos humanos durante las diferentes instancias del proceso de selección quien deberá observar tanto al lenguaje verbal como gestual del recién incorporado durante estos primeros contactos con los integrantes de la empresa donde el mismo recibirá un profuso bagaje de palabras, gestos e impresiones, prestándose a evacuar todas sus inquietudes desde el primer momento.

Es reconfortante ver al nuevo integrante de la empresa entrar al día siguiente con la mima sonrisa que el primer día, pero un resultado verdaderamente exitoso de ese primer día del proceso de inducción  sería si el mismo regresa con una sonrisa aún mayor.

Quien está a cargo del área de bienestar y desarrollo de los recursos humanos de una organización debe ser un atento observador de las personas, sus acciones y reacciones y por sobre todo tener la capacidad de actuar con la agilidad necesaria para evitar que… un grano de arena se transforme en una montaña.

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